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Tomás Fernández volvió a la pista después de 15 años: “Las ganas son las mismas”

El piloto esquelense Tomás Fernández volvió a vivir el automovilismo desde adentro después de 15 años. El último fin de semana regresó a la competencia en la categoría TP1100, en el Autódromo Mar y Valle de Trelew, donde disputó la sexta fecha del campeonato.

El resultado deportivo no fue el esperado, pero para Fernández el balance fue ampliamente positivo. Volver a poner un auto de carrera en pista, reencontrarse con viejos amigos y recuperar una pasión que había quedado postergada por las obligaciones familiares y laborales fueron, en definitiva, los principales motivos de su regreso.

“Cuando dejé de correr fui papá, entonces había otras obligaciones y ahora decidimos volver a armar un auto de carrera”, contó Tomás Fernández en diálogo con La Portada.

El regreso comenzó a gestarse a partir de varias conversaciones con su amigo y mecánico, el “Negro” Castro. “Nos juntamos con el Negro y dijimos por qué no volvemos. Él me incentivó entre varias charlas. Con él nos pusimos de acuerdo para buscar varias cosas que faltaban para el auto en sí. Tuve que comprar un auto y buscamos un poco de fierros para poder empezar a armar todo de nuevo”, detalló.

El proyecto se llevó adelante con mucho esfuerzo. La situación económica y los altos costos del automovilismo obligaron a avanzar paso a paso. “Nadie quiere colaborar en esto porque está difícil para todos y el automovilismo siempre fue un deporte caro. Lo hacemos de a poco, como podemos hacerlo y cuando podemos. No nos vamos a volver locos con hacer un campeonato completo. Vamos a hacer las fechas que podamos y a medida que contemos con todas las cosas para hacerlo”, explicó.

El regreso estuvo acompañado por una mezcla de nervios, adrenalina y emoción. “Las expectativas siempre son las mejores. Hay nervios y adrenalina. Son muchas emociones juntas porque volver después de tantos años es bastante gratificante. Es volver a encontrarse amigos, gente conocida; es muy importante”, expresó.

En esta nueva etapa tampoco estuvo solo. Detrás del auto hay un grupo de personas que colaboró para hacerlo posible. “Me acompañan los chicos del taller: el Pata, Numita, mi hermano, el Negro, Enzo y mi primo Francisco. No me quiero olvidar de nadie porque fueron muchos los que colaboraron con el auto”, expresó.

También destacó especialmente a su familia, consciente del tiempo que demanda preparar y competir con un auto de carrera. “Quiero agradecerles porque uno le dedica poco tiempo y a veces llegamos a cualquier hora de la noche”, confió.

Sus hijas, su pareja y su hermano también lo acompañaron durante el regreso. Para Fernández, contar con ellos es una parte importante de esta nueva etapa. “Está bueno que me acompañen en esto porque uno se siente más seguro”, destacó.

Un fin de semana complicado

La vuelta a la pista no fue sencilla. Uno de los principales inconvenientes fue que el equipo no pudo probar previamente el auto. La falta de un circuito cercano donde realizar ensayos representó una desventaja importante. “Es un auto que nosotros no conocemos, lo compramos y no pudimos rodarlo en ningún lado. A la ruta no se puede ir y tampoco tenemos autódromo”, lamentó.

El esquelense llegó a Trelew con muchas cuestiones por resolver y con muy poco margen de tiempo. El viernes, en el primer contacto con la pista, comenzaron a aparecer distintos inconvenientes que complicaron la puesta a punto. “Fue un fin de semana complicado. Tratamos de poner el auto bien, pero fueron surgiendo distintos desperfectos que no dejaban buscar una buena puesta a punto”, reveló.

A eso se sumó un problema con el motor, que estaba atrasado, y el sábado, antes de la clasificación, otro incidente complicó aún más el panorama. Dos pilotos se golpearon mientras calentaban los neumáticos y uno de los autos salió despedido, impactando contra el vehículo de Fernández. “Me chocaron la rueda delantera izquierda y me rompió el porta maza, el disco y la llanta. Prácticamente pensé que ya estaba todo perdido”, recordó.

Sin embargo, la solidaridad de otros integrantes de la categoría permitió reconstruir el auto y volver a largar. El equipo aprovechó la serie para continuar corrigiendo problemas de alineación y solucionar el inconveniente del motor.

El domingo el panorama fue más alentador. “El auto cambió muchísimo. Podíamos seguir a un pelotón que antes no lo hacíamos”, contó.

La mejora del auto permitió afrontar la final con otras expectativas. Fernández largó desde el puesto 24 entre 32 autos y rápidamente consiguió avanzar. “Hicimos una vuelta y nos pusimos en el puesto 12. Avanzamos muchísimo en poco recorrido de la pista. Notamos que el auto había hecho un cambio muy grande”, dijo.

Pero la carrera volvió a complicarse. Un chaparrón modificó las condiciones de la pista y, en la segunda vuelta, un toque terminó con sus posibilidades de continuar avanzando. Más allá del resultado, Fernández eligió quedarse con lo positivo. Fue un fin de semana de mucho aprendizaje. Hay que trabajar para no enredarse atrás y que no pasen estos imprevistos. Hay que trabajar para la próxima y esperemos que sea con mejores resultados”, manifestó.

La experiencia también juega

A pesar de los 15 años alejado de la competencia, Fernández aseguró que los tiempos no se encuentran tan lejos de aquellos que registraba cuando corría anteriormente. Mi hermano Gustavo todavía tiene el récord de uno de los circuitos. Eso no quita que haya cosas nuevas por aprender”, sostuvo.

La experiencia, sin embargo, también modifica la manera de afrontar una carrera. “Uno también se va poniendo grande, tiene otras obligaciones y la mentalidad cambia”, confió. Sin embargo, aseguró que “la adrenalina y las ganas son las mismas”.

Fernández se inició en el automovilismo siendo muy joven. “Cuando debuté tenía 16 años. Me tuvieron que hacer una autorización mis viejos. Corrí con el auto del Colo Sandoval, que me lo prestó, era un Fiat 600 y lo hice en el Autódromo Manuel González”, recordó.

Su historia en TP1100 también tiene un antecedente particular. “No llegué a correr 1100 en el autódromo, sólo alcancé a probar el auto y me fui a Comodoro”, contó. Allá debutó y ganó en 2011. Después corrió dos fechas más con buenos resultados. En tanto su hermano Gustavo compitió durante cuatro años y peleó dos campeonatos. “Con la experiencia del Negro y de él hemos podido andar bien y tener buenos resultados. El automovilismo es una pasión”, remarcó.

Un regreso sin presiones

Fernández sabe que su regreso no necesariamente implica disputar un campeonato completo. La familia y el trabajo ocupan hoy un lugar central en sus prioridades. “Fue la primera carrera e iré evaluando mi continuidad en la competencia. Laboralmente se me complica en algunas fechas. Lo principal para mí es la familia y después viene el laburo, así que voy a tratar de hacerlo cuando podamos, sin volvernos locos”, afirmó.

Su regreso también demandó un esfuerzo económico importante. Para poder concretar el proyecto llegó incluso a vender su moto y destinar esos recursos al armado del auto.

En esta sexta fecha, fue el único piloto esquelense presente en la categoría, representando a la ciudad en un regreso que demandó tiempo y sacrificio.

Después de 15 años, volver a correr fue mucho más que una competencia. Fue reencontrarse con una parte de su historia y recuperar una pasión que había quedado en pausa. Ahora queda por delante continuar trabajando sobre el auto, ganar experiencia con el vehículo y esperar la próxima oportunidad para volver a pista. Sin apuro y sin la obligación de completar un campeonato, pero con las mismas ganas que cuando comenzó a correr a los 16 años. Porque, como él mismo lo definió, la pasión sigue intacta.